Sinopsis

Cole Kivlin quiere seguir siendo Corsino Fernández. Su esposa y sus hijos, en Texas, nunca han estado al corriente de todos los avatares que rodean a Corsino. En Estados Unidos, su vida se ha ido forjando a base de esfuerzo y adaptación. Ahora, a sus 80 años, cuenta la historia de su vida como si de una novela se tratara. Y mientras desmenuza el pavo, en la cena de Acción de Gracias, intenta adornar su pesadumbre y sentir más a su semejante, esa otra persona más pegada a quien tuvo que haber sido siempre: Corsino.









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miércoles, 15 de junio de 2011

Jugando en Terapia Chilensis


Hace décadas, había un juego analógico que consistía en ir diciéndose al oído una frase en cadena y con cuidado para que el círculo de jugadores no pudiera captar ni una palabra hasta que no llegara su turno. Al final, completada la ronda, el último participante decía en alto la frase en cuestión, y así todos podían comprobar el grado de desgaste, transformación e inventiva desde que la habían escuchado por un oído hasta ese momento final.

Hoy no hace falta tener amigos, con una conexión a Internet y tiempo para leer los periódicos de la mañana, te lo puedes montar solito. No es tan divertido, de primeras no puedes aportar nada. Pero es igual de escandaloso.

En cuestiones sin importancia, las distorsiones de los medios de comunicación sí pueden hacer gracia. Hasta resultan interesantes, igual que el juego original del boca-oreja. Ayer disfruté, por ejemplo, al escuchar en streaming un programa de radio y conocer la historia de Corsino/Cole con acento chileno, precipitando los detalles, luchando contra el reloj para graparla a golpes con la vida de Jorge Semprún, para buscar sin apenas tiempo -el programa llegaba a su fin- la manera de contarla a viva voz sin que el proceso de visionar y luego verbalizar una película sufriera demasiados meneos ni contaminaciones.

Participaba Héctor Soto. Cerraba el círculo de ese juego de cine Alberto Fuguet, escritor y cineasta que acaba de publicar en España su última novela, Missing. Esta novela y mi documental tienen muchos puntos en común. Missing en Fort Worth, me escribió en mensaje privado. Carlos y Corsino, perdidos en Estados Unidos. Cine y literatura jugando con la vida real, mezclándose luego en la cabeza, luego en las últimas ondas de Terapia Chilensis, donde ya el juego salía alterado, filtrado y confundido, a trompicones, pero con mucho sentido, sobre todo del humor. Si quieres jugar, escúchalo desde aquí, media hora de cine con subtítulos chilenos: Terapia Chilensis #805 | Podcaster

martes, 25 de enero de 2011

¿Cómo proyectar una película en un bar y no salir ebrio (de satisfacción)?

El pasado domingo, L'Abellugu* desenrolló su cortina-pantalla para inaugurar las sesiones nocturnas de cine festivalero. Otros mundos es un ciclo que, dentro de la programación de Cortomieres, proyecta largos y cortos fuera de juego. No resulta ningún disparate que un bar sirva, pues, de sede para semejante propósito. Al menos, un bar como L'Abellugu**.

*Para quienes no estén familiarizados con el chigre musical L'Abellugu: revestido de piedra y con una chimenea encendida, este antro mierense es uno de los bares más agradables y acogedores de la comarca. Incluso cuando proyectan películas. 
**Para quienes no estén familiarizados con el asturiano: L'Abellugu podría traducirse como El refugio. 


El frío del pasado domingo bien merecía ese fuego de chimenea, ese refugio. La expedición (10 personas) arrastrada por los anfitriones Cortomieres ocupó las mesas más cercanas a las llamas, también a la pantalla. La parroquia de habituales, quizá más acostumbrada al frío, quizá menos interesada por esos Otros mundos audiovisuales, se quedó más cerca de la barra. Casi todos sujetaban una copa. En total, calculo que seríamos unas 20 personas refugiadas allí, pasada la medianoche.
Samu ofició la ceremonia de apertura, y me pasó la palabra para que yo presentara mi película. Que la película hable por si sola, y quienes tengan algún comentario, duda o curiosidad, que pregunten al final, durante el brindis. Bebamos y veamos cine.

Llegó el momento del brindis. Felicidades. Sin que apenas transcurriera un instante, me vi con el tercer gin tonic de la noche en la mano y rodeado únicamente de los parroquianos del refugio, gente que disfruta de las copas sin barullo, sin alcohólicos de fin de semana, sin prisa por llegar a casa, aunque sea domingo. ¿Dónde está la expedición que comandaba Samu? ¿Dónde está Samu? ¿Hay algún cineasta despierto en Mieres esta noche? Esta noche, no.

Alberto, Xuacu, Roberto, una pareja rondando los cincuenta (creo), un tipo calvo que no recuerdo cuál era su nombre, Pablo deL'Abellugu, allí se quedaron, a puerta cerrada, fumando y bebiendo y hablando de Corsino, con más pasión que cualquier cortometrajista con su corto bajo el brazo, gente con auténticas ganas de resolver los misterios y los obstáculos de la película, y de la vida. Gente como Roberto, con coincidencias inverosímiles como la que cubrió la noche de magia.

Roberto es un habitual del chigre y vecino de Aller. Roberto es un tipo lleno de vida, de esos a quienes una sorpresa en sus noches rutinarias los electrifica durante un buen rato y como rayos se dedican a liberarse de ese chispazo-sorpresa en dosis de alta tensión. Roberto nació en Castandiello, y sin saber nada de Corsino, ni de los Otros mundos, ni de Cortomieres, el domingo por la noche vio de pura casualidad su pueblo en mi película documental. Y alucinó. Y no se quedó con ganas de saber ni de decir. Se pidió otra copa, y me agarró. Roberto conoció la casa natal de Corsino, y no podía dejar de repetir cómo le tocó carretar piedras antes de que la demolieran, y nos describió cómo era La Güelga, y representó las crecidas del río con sus brazos, varias veces... Roberto aclaró que el puente que buscaba Cole Kivlin mientras también buscaba a Corsino por los alrededores de Moreda no se lo llevó el río en una de esas crecidas. Roberto nos enseñó un montón de fotos del puente, que aún mantiene su forma a unos kilómetros de su lugar original. El puente es el mismo, en otro lugar. Como Corsino. Las fotos aparecieron de la nada informática, en una pantalla de ordenador que Pablo tiene en su refugio. Alberto tuvo la genial idea: vamos a enviar ese puente a Corsino, inmediatamente. Por correo electrónico. Venga, una foto. No, joder, todas, dice Roberto. El tipo calvo pregunta por Fort Worth mientras recuerda una matanza típicamente americana en una base militar de nombre parecido. Yo estoy entrando en Facebook para cortar y pegar el email de Corsino en el mensaje*** que vamos a enviar desde ese ordenador colgado en la pared de piedra. Xuacu no deja de hablar, con mucha sensibilidad, de algunos detalles de la peli. No se le ha escapado nada, pero se pregunta por qué Corsino habría tardado tanto en sincerarse con su mujer... Xuacu es de dos paquetes de cigarrillos diarios, pero aguantó la película entera sin salir a fumar. Entra a trabajar a las dos de la tarde, y sale a las diez. Todas las noches. Suena Leonard Cohen, ya tenemos las fotos. Escribe tú, que yo no me manejo con el teclado, me dice Roberto. Hola, soy Roberto, empiezo a leer en la pantalla. Escribimos entre todos un mensaje a Corsino. Adjuntamos las fotos... No pongas muchas, que igual no caben.
Roberto sigue enseñándonos sus fotos en el ordenador, es un apasionado de la montaña de Aller. Le gusta fotografiar cierres de puertas y portones. Nos enseña algún ejemplo. La pareja de cincuenta se despide. Otro gin tonic. Corsino tardó en rendir cuentas porque tenía miedo de lo que pensaran de él en los Estados Unidos. Todos lo entienden, todos tenemos ese miedo alguna vez, en algún lugar. Voy a hablar con el alcalde de Aller, me dice Roberto. Mejor espera un rato. La matanza fue en Texas, pero no en Fort Worth sino en Fort Hood, desvela el compinche calvo. Las llamas de la chimenea apenas son brasas cuando Pablo las remueve para irse de allí sin temor a un accidente. Mieres sigue fría. No hay nadie en sus calles. ¿Alguien sabe cómo proyectar una película en un bar y no salir, a las tres de la mañana del lunes, ebrio de satisfacción? Que me lo explique.

*** Soy Roberto Auro Ordoñez. Nieto de Aquilino Ordóñez. Te envío estas fotos del puente que iba a Xierru Nigru, tú seguro que lo conoces. Este era el puente que había y que no encontraste cuando viniste a buscar a tu familia... Acabo de ver la película de Luis Argeo. Estamos en Mieres, cerca de Moreda. Este puente no lo tiró una riada, sino que lo llevaron a otro lugar, cinco kilómetros más arriba, en dirección San Isidro. Ahora está en Entrepeñes. 



viernes, 5 de noviembre de 2010

Apuntes

¿CÓMO HACEMOS EL DOCUMENTAL?


Corsino, por Cole Kivlin comenzó a grabarse en el verano de 2008, durante una visita fugaz que el protagonista hizo a su tierra natal, Asturias. Durante los días en los que visitó a sobrinos y parientes lejanos de Moreda (Municipio de Aller), comenzamos a aproximarnos a la forma de ser de Cole Kivlin, y al Corsino Fernandez que acarrea consigo. No resultó una tarea fácil. No nos conocíamos, ni teníamos ningún vínculo en común. Además, una cámara intimida a cualquiera. Unas 20 horas de imágenes en bruto fueron grabadas durante aquella, su quinta visita a Asturias. Jonás Bel de operador.

En noviembre de 2009, seguí grabando entrevistas y escenas con el señor Kivlin, esta vez en su tierra de adopción, Texas (EE.UU.). Aprovechando la reunión familiar en torno al Día de Acción de Gracias, continué profundizando en la personalidad de Cole. Y hablando con sus hijos y nietos, reconstruí la historia de Corsino Fernández desde su realidad cotidiana, su vida en los suburbios de Fort Worth (Texas). Su lado americano contrasta con ese otro lado asturiano que aún atesora.



Corsino es un Niño de la Guerra peculiar. A lo largo de su vida atestiguó sus vivencias, recuerdos imborrables, mientras se iba convirtiendo en otra persona. Cole Kivlin ha querido preservar su memoria y recuperar, con el tiempo, una identidad perdida. Él, Cole Kivlin, es el resorte del documental. La película se puede ver desde una perspectiva social e histórica, pero también, y sobre todo, desde una perspectiva humana, la de un llanero solitario en busca de su identidad, la de una voz que quiere hacerse escuchar, la de una narración que preserva la memoria de un tiempo desdeñado. Por eso, no usamos más que sus recuerdos, sus textos y sus documentos personales – fotos, salvoconductos, certificados - para recrear aquellos años turbulentos que tantas veces hemos visto en cine y televisión.

Para la grabación, me rodeé de un equipo ligero y profesional con el que recoger en vídeo digital de alta definición (RED-ONE) todos y cada uno de los detalles que nos ayudaran a componer esta historia. Cuatro personas formamos este equipo, nos encargamos de operar las cámaras, capturar el sonido así como enfrentarnos a las labores de producción, sin resultar demasiado incómodos durante el encuentro familiar por excelencia en los Estados Unidos.

Algunas cuestiones logísticas han sido tratadas a través de la Official Film Commision for the Dallas-Fort Worth Region (Texas). También he conseguido contactar con responsables del Ayuntamiento de Aller en Cabañaquinta, para presentarles el proyecto e invitarles a participar en él. Una pequeña contribución simbólica llegada de la Concejalía de Turismo de Aller, junto a la subvención adjudicada por la Fundación de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, son ayudas financieras que han contribuido en labores de postproducción del proyecto con más modestia que alboroto.

La documentación conservada por Cole Kivlin a lo largo de los años nos ha ayudado a ambientar la historia, que pasa por Asturias, Francia, Nueva York y Texas, principalmente. La película también está envuelta con una banda sonora original creada especialmente para el documental por el gran Xel Pereda.

Luis Argeo, octubre 2010. Apuntes sobre el documental Corsino, por Cole Kivlin

miércoles, 15 de septiembre de 2010

lunes, 9 de agosto de 2010

Pensión

Por cierto, a pesar de su condición de exiliado desarraigado, sufridor zarandeado y no sé cuántos varapalos que todos los Niños de la Guerra cargan a su espalda, Cole Kivlin (Corsino Fernández) no recibe ayuda alguna ni pensión de compensación por parte del Estado español. Ni del Gobierno regional. Nada. Cero.

¿Alguien sabe qué, cuándo, dónde se solicita esa ayuda?
¿Se le ningunea por haber caído en los Estados Unidos de América en vez de Rusia?

jueves, 5 de agosto de 2010

Preguntas

Apuntes sueltos:

-Mola comprobar que las preguntas que me hacen quienes se interesan por algún aspecto de Corsino, o de Cole, tienen respuesta dentro del documental...
-Por el contrario, acojona ver que las preguntas son banales, curiosités, ninguna aborda las GRANDES PREGUNTAS del ser humano... ¿Ocurre igual en la peli?
-Puede que esas grandes preguntas vayan implícitas, escondidas, camufladas en las otras, las banales...

-El pasado fin de semana, paseando ante el Longboard Surf Festival, viví eso a lo que algunos llaman déjà vu, pero que en realidad es un homenaje a Atrapado en el tiempo, en mi caso tomado de año en año... De nuevo, casi en el mismo punto del paseo, me tropecé con Carlos, amigo de Guille, excéntrico jugador amateur de baloncesto y líder en la categoría de anécdotas acumuladas. De nuevo blancucho, despistado ante el mar, solitario, simpático y parlanchín. Tras salvar la profunda zanja anual, caímos en la risa cuando descubrimos que Marichu e Iñigo (representantes de la ya conocida Asturias Film Commission) son para nosotros dos otro lazo común. Tía y primo, me dijo. Sus nombres salieron cuando comenzó a preguntarme con interés por diferentes aspectos de la película, cuestiones de fondo y forma. GRANDES PREGUNTAS, y también banales.

-Es verano. Carlos es el Bill Murray de Lost in Translation, pero atrapado en Asturias...

domingo, 11 de abril de 2010

Imágenes de Corsino en el programa Pieces (TPA)

El programa Pieces de la TPA me dedicó la apertura de la sexta entrega de su ya cuarta temporada. Fueron casi diez minutos de pieza, donde AsturianUS, América, Corsino, los Niños de la Guerra, el género documental y un montón de blablablá quedan intercalados entre algunas imágenes de mis trabajos audiovisuales.
A modo de "teaser", este último corte con Cole Kivlin subtitulado en asturiano no engaña tanto como otro en el que Cole se expresa en castellano.
La peli definitiva será en inglés, y el tema de la identidad quedará abordado desde una perspectiva menos "asturiana".

Me resulta incómodo este autobombo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Esperanza


Ayer me reuní en Cabañaquinta (capital del municipio de Aller) con la plana mayor del turismo municipal.
Resulta tragicómico ver (en plano general) a tres personas ocupando la esquina de una mesa alargada, con las cartas sobre la mesa nada más empezar la partida -todos vamos de farol y lo sabemos, he ahí la parte patética - y charlando hora y media sobre una película documental (los documentales también son películas) que protagoniza un vecino de ese municipio asturiano.
Como nos caemos simpáticos, al final lo de los faroles y las cartas se va olvidando. No sólo hablamos de Corsino. Dio tiempo para otras cosas. Cine, televisión, gestión, familia, senderismo. Todo ello sin dinero. No hay dinero.

¿A quién le importan los faroles o las escaleras de color, quién juega una partida cuando no hay dinero o apuesta...?

Grabé unos planos ante la vieja carretera de entrada a Moreda. Creo que serán los últimos, ahora sí.

Se me echó el hambre encima, y cuando vi la palabra ESPERANZA en el toldo de aquella sidrería cualquiera, tuve que entrar a por su picadillo con patatas. La esperanza es lo único que se pierde. ¿O es el hambre? Esperanza, Manta Ray. Es-pe-ran-za...

La esperanza suele quedar ilustrada con nubes atravesadas por un chorro de luz, sobre todo cuando la doctrina cristiana entra en la partida. Ayer en Aller lucía el sol. Mal día para ir de farol.

Los faroleros conocen el sabor de la Esperanza. Sabe a picadillo, y repite.

viernes, 29 de enero de 2010

A modo de trailer, este vídeo me sirvió para ir abriendo vía en el proyecto... Al mismo tiempo que lo colgaba en youtube y lo enviaba a mis amigos, conocidos y contactos, solicitaba la ayuda de un guitarrista igual de sucio que Neil Young. Quiero una buena banda sonora.

Grabado en el municipio de Aller (Asturias). Verano de 2008.